Dieciséis años después: las calles de Atenas vuelven a estallar mientras los griegos recuerdan al adolescente asesinado por la policía

Por
K Vaxevanis
4 min de lectura

Dieciséis años después: las calles de Atenas vuelven a estallar mientras los griegos recuerdan al adolescente asesinado por la policía

Qué pasó

El viernes 6 de diciembre, se produjeron grandes enfrentamientos en el centro de Atenas, Grecia, cuando miles de manifestantes se reunieron para conmemorar el 16º aniversario del tiroteo fatal a manos de la policía de Alexandros Grigoropoulos. En 2008, Grigoropoulos, entonces un estudiante de 15 años, fue asesinado por un agente de policía en el distrito de Exarchia, un evento que provocó los disturbios más graves que el país había presenciado desde el restablecimiento de la democracia en 1974.

La protesta de este año congregó a aproximadamente 5.000 participantes, que marcharon por el corazón de Atenas a pesar de las fuertes lluvias y las extensas medidas de seguridad, que incluían cierres de carreteras, desvíos de tráfico y cambios en el transporte público. Al concluir la marcha, manifestantes encapuchados comenzaron a incendiar contenedores de basura y lanzaron cócteles molotov y piedras contra la policía antidisturbios en Exarchia, el mismo barrio donde Grigoropoulos recibió un disparo. En respuesta, las fuerzas de seguridad lanzaron varias rondas de gases lacrimógenos para sofocar los disturbios. Más de 60 personas fueron detenidas temporalmente y ocho fueron finalmente arrestadas, según la policía.

Ante la manifestación anual, las autoridades desplegaron alrededor de 5.000 agentes de policía en el centro de Atenas para mantener el orden. Las tensiones que surgieron el viernes reflejan problemas sociales profundamente arraigados, la desconfianza continua entre los ciudadanos y las fuerzas del orden, y agravios no resueltos del pasado.

Puntos clave

  • Conmemoración anual: Cada 6 de diciembre, los griegos recuerdan el asesinato de Alexandros Grigoropoulos, con marchas que a menudo atraen a miles de personas a las calles de Atenas.
  • Fuertes medidas de seguridad: Se desplegaron aproximadamente 5.000 agentes de policía, junto con estrictos cierres de carreteras y cambios en el transporte, lo que destaca la preocupación de las autoridades por posibles disturbios.
  • Escalada de la violencia: Si bien la reunión inicial se mantuvo mayormente pacífica, se produjeron enfrentamientos en Exarchia cuando los manifestantes prendieron fuego y atacaron a la policía, que respondió con gases lacrimógenos.
  • Arrestos y detenciones: La policía detuvo a más de 60 personas y arrestó a ocho, mostrando la complejidad de mantener el orden durante eventos tan cargados de emociones.
  • Impacto duradero: El tiroteo de 2008 y los subsiguientes disturbios aún resuenan en la sociedad griega, alimentando debates sobre la rendición de cuentas de la policía, los derechos humanos y la necesidad de reformas significativas.

Análisis profundo

Las protestas que conmemoran la muerte de Alexandros Grigoropoulos sirven como un recordatorio anual de la tensión que persiste entre los ciudadanos griegos y las agencias de aplicación de la ley del país. El incidente original en 2008 no solo provocó los peores disturbios en Grecia en décadas, sino que también encendió una conversación más amplia sobre la brutalidad policial, la desigualdad sistémica y la erosión de la confianza pública.

En los años transcurridos desde el asesinato, han surgido varios casos de alto perfil de presunta mala conducta policial. Uno de esos casos recientes involucró la muerte de un inmigrante paquistaní, Muhammad Kamran Ashiq, en circunstancias sospechosas mientras estaba bajo custodia policial. Estos eventos subrayan un patrón de escrutinio social dirigido a la policía griega, ya que los ciudadanos y los defensores de los derechos humanos exigen una mayor rendición de cuentas y transparencia.

Aunque el agente responsable de la muerte de Grigoropoulos fue inicialmente sentenciado a cadena perpetua, su sentencia fue reducida y fue puesto en libertad en 2019. Otro agente condenado como cómplice fue liberado bajo fianza después de cumplir tres años. Estos resultados legales resaltan una insatisfacción persistente entre los manifestantes que sienten que la justicia no se aplicó plenamente, intensificando las manifestaciones anuales.

Se han discutido reformas en los círculos políticos, con una creciente presión sobre el gobierno griego para que restaure la fe pública en las fuerzas del orden. Sin embargo, la implementación de cambios que aborden de manera significativa los agravios de larga data ha resultado ser un desafío. El ciclo de protestas y violencia subraya que la ira pública sigue siendo potente, alimentada por los recuerdos de injusticias pasadas y la percepción persistente de que el estado de derecho se aplica de manera desigual.

¿Sabías que?

  • Malestar histórico: Los disturbios que siguieron al tiroteo de Grigoropoulos en diciembre de 2008 duraron semanas, extendiéndose más allá de Atenas a otras ciudades griegas e incluso provocando protestas de solidaridad a nivel internacional.
  • Movimiento social más amplio: Además de los disturbios violentos, las secuelas inmediatas vieron a estudiantes ocupando escuelas, universidades e incluso estaciones de radio, convirtiendo la tragedia en un punto focal para un activismo social y político más amplio.
  • Raíces políticas profundas: Los disturbios de diciembre de 2008 a menudo se describieron como la conmoción social más grave desde la caída de la junta militar de Grecia en 1974, lo que refleja la profundidad de la frustración pública con las estructuras políticas e institucionales.
  • Simbolismo duradero: Hoy, el nombre de Alexandros Grigoropoulos simboliza la lucha contra la brutalidad policial y la lucha por los derechos humanos, inspirando a múltiples generaciones de activistas a participar en movimientos continuos por la justicia y las reformas en las prácticas policiales griegas.

Al conmemorar la muerte de Alexandros Grigoropoulos cada año, la sociedad griega confronta continuamente sus luchas no resueltas con la rendición de cuentas, la transparencia y el delicado equilibrio entre el mantenimiento del orden público y la preservación de los derechos humanos. Estas protestas anuales son más que memoriales; son un llamado a un cambio duradero.

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