OpenAI Acusa a DeepSeek de "Robar" Mientras Lucha Contra Su Propia Tormenta de Derechos de Autor

Por
CTOL Editors - Ken
4 min de lectura

Atrapados en el fuego cruzado: OpenAI acusa a DeepSeek mientras lucha contra su propia tormenta de derechos de autor

En un giro que parece sacado de una telenovela de Silicon Valley, enero de 2025 ha expuesto las profundas ironías que plagan la industria de la IA. En el centro de esta tormenta se encuentra OpenAI, una empresa que simultáneamente lanza acusaciones de robo de propiedad intelectual a su rival chino DeepSeek, mientras se defiende desesperadamente de demandas globales por derechos de autor. ¿El catalizador? Un respaldo inesperado del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que desencadenó una reacción en cadena de acusaciones, cambios de política y caos en el mercado.

Del elogio presidencial a la crisis internacional: Cómo tres días cambiaron todo

Cuando Donald Trump subió al escenario en una conferencia republicana en Florida el 27 de enero, pocos esperaban que sus palabras encendieran una controversia internacional sobre la IA. Su elogio a DeepSeek, alabando la capacidad de la plataforma china para igualar las capacidades de la IA estadounidense a una fracción del costo, envió ondas de choque a través de Silicon Valley. "Una llamada de atención", lo llamó, instando a las empresas tecnológicas estadounidenses a reconsiderar sus costosos enfoques de desarrollo.

La reacción fue rápida y severa. En 24 horas, funcionarios estadounidenses acusaron a DeepSeek de robar datos de propiedad de OpenAI a través de acceso no autorizado a la API. El equipo de seguridad de Microsoft afirmó haber descubierto evidencia de técnicas de "destilación" utilizadas para replicar los modelos de OpenAI. La Marina de los EE. UU. prohibió las herramientas de DeepSeek, citando riesgos de seguridad, mientras que misteriosos ataques DDoS atacaron la infraestructura de la plataforma china.

David contra Goliat: La historia del perdedor que está sacudiendo Silicon Valley

Los logros de DeepSeek están llamando la atención por todas las razones correctas. Con solo 139 empleados y recursos limitados debido a las restricciones de exportación de chips, han logrado igualar las capacidades de GPT-4 a solo 1/10 del costo, unos míseros 5,57 millones de dólares en comparación con las sumas astronómicas gastadas por las empresas estadounidenses. Sus modelos incluso han superado al modelo o1 de OpenAI en puntos de referencia académicos, con una tasa de precisión del 9,4% frente al 9,1%.

La popularidad de la plataforma se ha disparado, reclamando el primer puesto en las tiendas de aplicaciones en 161 países. Sumándose a su atractivo, DeepSeek ha abierto completamente su tecnología con permisos de uso comercial, una medida que contrasta marcadamente con los enfoques secretos de sus homólogos occidentales.

Líneas de batalla trazadas: Oriente contra Occidente en la carrera armamentista de la IA

La respuesta de los líderes tecnológicos estadounidenses ha sido reveladora. El director de ingresos de OpenAI, Mark Chen, ofreció un críptico "felicidades", mientras que el CEO de Microsoft, Satya Nadella, trazó paralelismos con la historia bíblica de David contra Goliat. Mientras tanto, los funcionarios chinos han defendido firmemente a DeepSeek, desafiando las acusaciones estadounidenses destacando un hecho simple: ¿cómo se puede probar el robo de sistemas de código cerrado?

Temblores en el mercado: Cómo un advenedizo chino está remodelando el panorama de la IA

El ascenso de DeepSeek ha provocado temblores en los mercados financieros, con gigantes tecnológicos como Nvidia y Microsoft viendo cómo sus precios de acciones se tambalean. La rápida adopción de la plataforma, logrando en tres días lo que le tomó tres meses a GPT-4, señala un cambio fundamental en la dinámica de poder de la industria de la IA. Esta historia de éxito plantea serias preguntas sobre el futuro del desarrollo de la IA de código abierto y la posible aparición de una "Cortina de Silicio" que divida los ecosistemas tecnológicos de Estados Unidos y China.

Nuestra opinión clave: El burro hablando de orejas

¿La ironía final en este drama que se desarrolla? La posición de OpenAI como acusador mientras enfrenta una avalancha de demandas por derechos de autor en todo el mundo. Desde The New York Times y Sarah Silverman en Estados Unidos hasta Penguin Random House en India, y casos pendientes en Canadá y Alemania, OpenAI está acusado del mismo delito que señalan: uso no autorizado de propiedad intelectual.

Esta controversia expone más que solo rivalidad corporativa; revela las arenas movedizas éticas sobre las que se construye gran parte de la industria de la IA. Mientras OpenAI lucha con sus propios demonios de derechos de autor, sus acusaciones contra DeepSeek parecen cada vez más hipócritas. El mensaje es claro: la industria de la IA debe enfrentar sus desafíos de propiedad intelectual de frente, o arriesgarse a perder toda credibilidad ante la opinión pública.

Lo que comenzó como un respaldo presidencial se ha convertido en un crudo recordatorio de las contradicciones no resueltas de la industria de la IA. A medida que se desarrolla este drama, una cosa se vuelve cierta: la historia del supuesto ladrón que denuncia a otro supuesto ladrón será recordada como un momento decisivo en la historia de la IA.

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